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Para una economía virtuosa
 
El llamado modelo productivo presenta signos de agotamiento y ya no reporta los beneficios de su etapa más promisoria (2003 a 2007). Durante esos años, pese a ciertos altibajos, la economía creció a tasas cercanas al 9 % anual, existieron superávits gemelos, engordaron las reservas y aumentaron los niveles de ocupación y consumo. Aunque para muchos tales logros se debieron a factores exógenos como el "viento de cola" o la megadevaluación de 2002 más que al publicitado modelo, la economía funcionó razonablemente hasta que en 2008 el clima productivo cambió, produciéndose un quiebre en la tendencia.

A partir de allí, se sucedieron las malas noticias: freno de las inversiones, ralentización del consumo, rebrote inflacionario, caída de exportaciones y reaparición del déficit fiscal, entre otros síntomas negativos para los que el modelo original no ofrece soluciones.

Es hora de actualizar la visión de la economía argentina sin prejuicios ideológicos ni pasiones subalternas y renovar la apuesta productiva, pero basada esta vez en parámetros sustentables en el largo plazo.
Más que criticar defectos que están a la vista de todos, conviene repensar una economía virtuosa, basada en la producción y el empleo genuino. Volver a tener superávits gemelos, haciendo todos los esfuerzos para recrear el equilibrio fiscal, vulnerado por el aumento desmesurado del gasto público. Equilibrio fiscal y seguridad jurídica son esenciales, como la salud de la moneda y la consiguiente ausencia de inflación.

Lo principal es liberar la enorme potencialidad de nuestra economía, suprimiendo las trabas a la producción. Acompañar y ayudar, fijando reglas amigables. Revisar, en ese marco, el perfil del sistema impositivo argentino, que no tiene un diseño productivo sino orientado a propósitos recaudatorios antes que favorecer la inversión. La agenda financiera deberá incluir cómo se hace para pasar de una "economía de contado" -la nuestra, donde los préstamos bancarios representan apenas el 11 % del PBI- a una donde haya crédito suficiente sin causar inflación.