Inicio
Biografía
Contacto
 
 
 
 
 
     
 

OTRAS SECCIONES

Notas de opinión
Historia de Córdoba
 

MÁS SOBRE ESTEBAN DÓMINA

Biografía
 
 
 
 
 
  HISTORIA DE CÓRDOBA      
Fábrica militar de aviones, madre de industrias
 
Es tal vez el más emblemático y entrañable ícono de la tradición industrial cordobesa, que reconoce en ella la génesis de su desarrollo.

El apogeo del desarrollo industrial cordobés se produjo en las décadas de 1950 y 1960, pero la semilla venía germinando desde mucho antes. El embrión temprano de la Córdoba industrial fue la Fábrica Militar de Aviones, que se instaló en la provincia en 1927, cuando languidecía el modelo agroexportador y asomaba en el horizonte el crack mundial de 1929. Hasta entonces, en Córdoba predominaban las actividades agrícolas y ganaderas. Había muy pocas fábricas de alguna envergadura –la Cervecería Córdoba y las cementeras de Dumesnil y Yocsina– y muchos establecimientos menores, aunque no alcanzaba para proclamar a Córdoba como la meca industrial que sería pocos años más tarde. No todavía.
Por lo demás, la huella del pasado colonial seguía presente en las costumbres y las tradiciones de una sociedad que se parecía en mucho a la pintada por Arturo Capdevilla en su magistral Córdoba del recuerdo. La mayoría de la población era rural. En la Capital vivía apenas la cuarta parte de los cordobeses y la ocupación giraba en torno a la administración pública y el comercio. Ése era el perfil de la provincia cuando despegaron los primeros aeroplanos fabricados en Córdoba. Eran máquinas livianas para uso militar designadas con nombres criollos como Calquín, Mañque, Ñancul, Colibrí, Chingolo o el más moderno Huanquero.

Semillero
La fábrica fue el primer semillero de técnicos y operarios especializados; muchos entraron allí como aprendices y se convirtieron en obreros capacitados. La fábrica fue, por lejos, la mejor escuela industrial de la época y convocó a contingentes de trabajadores provenientes del interior cordobés y de otras provincias.

Sin embargo, a ese desarrollo inicial le faltó continuidad, y en la década de 1930 Córdoba no se benefició con el incipiente proceso industrial de sustitución de importaciones. En ese tiempo, la mayoría de las fábricas prefirieron radicarse cerca del puerto, en el Gran Buenos Aires. La mayor concentración se produjo alrededor del eje Capital Federal-La Plata, donde subsiste hasta hoy un fuerte conglomerado fabril. Sí, en cambio, en esa misma época, dejó su huella el plan industrialista del Ejército, el mismo que a su hora impulsaron los generales Mosconi y Savio y que dio lugar a la instalación de las fábricas militares de Villa María, San Francisco y Río Tercero. Estas fábricas comenzaron a operar a pleno a partir de la década de 1940, produciendo no sólo insumos bélicos sino implementos agrícolas, repuestos y hasta vagones de ferrocarril.

La industria aeronáutica retomó impulso y dio el gran salto cuando, luego de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, arribaron a Córdoba diseñadores y técnicos europeos que se sumaron a los proyectistas locales. Entonces, se desarrolló el prototipo del Pulqui I, un moderno avión a reacción, y poco después el Pulqui II, que marcó el punto más alto de la industria aeronáutica argentina, colocando al nuestro en el selecto grupo de países que contaban con esta tecnología de avanzada. Además, en Córdoba se fabricaban motores, turbinas, instrumental, armamentos, paracaídas y hasta un cohete teledirigido. El aeropuerto de camino a Pajas Blancas comenzó a operar en 1946, el año de su inauguración.

El brigadier San Martín
Juan Ignacio San Martín no era cordobés; había nacido en la Capital Federal en 1904. Llegó a Córdoba en 1944 con el grado de mayor y se puso al frente del Instituto Aeronáutico, continuador de la primitiva Fábrica Militar de Aviones. Fue él quien durante un viaje a Europa reclutó a Emile Dewoitine, un ingeniero francés que jugó un papel clave en el desarrollo del primer Pulqui, y a Kurt Tank, el alemán que colaboró en el diseño del Pulqui II.

Su intensa actividad y los logros alcanzados, le valieron no sólo el ascenso a comodoro de la flamante Fuerza Aérea, sino que además fue escogido por Juan Domingo Perón, entonces presidente de la República, para representar al peronismo en las elecciones de 1949.
Córdoba no era una plaza fácil para el nuevo oficialismo: en las elecciones de 1946 el peronismo había ganado ajustadamente y al poco tiempo la provincia fue intervenida. Esta vez la apuesta funcionó: San Martín resultó vencedor y se convirtió en gobernador de Córdoba. Un año más tarde obtuvo el grado de brigadier. No completó su mandato, porque en 1951 Perón lo llevó de regreso a Buenos Aires, confiándole esta vez el Ministerio de Aeronáutica, pieza clave del Segundo Plan Quinquenal.

Sin embargo, durante sus dos años y medio de gobierno, el brigadier San Martín dio un fuerte impulso al polo industrial cordobés, sentando las bases de su desarrollo posterior. Fue él quien creó, en el seno de la planta de aviones, la Fábrica de Motores y Automotores bajo la dirección del ingeniero Ambrosio Taravella, antecedente inmediato del legendario Iame (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado), que nació al año siguiente. Además, resolvió el problema de la provisión de energía, creando la Comisión Administradora del Servicio Público de Electricidad, antecesora de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (Epec) fundada en abril de 1952.

La industria automotriz
A comienzos de 1950 había llegado la hora de fabricar automóviles en la Argentina. Hasta ese momento, los vehículos que circulaban eran importados, norteamericanos o europeos, y eran poco menos que un artículo de lujo. Sin embargo, después de la guerra, las divisas escaseaban y, por eso, se pensó en fabricarlos aquí.

La primera fábrica que se instaló en el país, la alemana Mercedes Benz, quedó en la provincia de Buenos Aires, en el partido de San Martín; pero en 1954 la Fiat italiana eligió Córdoba y así surgió Fiat Concord en la planta de Ferreyra.

Un año más tarde se cerró un acuerdo con el industrial americano Edgard Kaiser y nació la planta de Santa Isabel. Entonces sí despegó la Córdoba industrial: de Concord salían los primeros tractores, que suplantaron al pionero Pampa; de Industrias Kaiser Argentina, el primer jeep IKA; de Iame, el famoso Rastrojero, la moto Puma y el primer automóvil producido en serie, el Institec. En 1955, por ejemplo, el Iamr ya ocupaba a 10 mil trabajadores. En poco tiempo se radicaron en Córdoba: Vianini (Transax), la fábrica de motores Perkins y Forja Argentina; mientras que fábricas y talleres de autopartes brotaban por doquier, como hongos después de la lluvia. Todos estos establecimientos se nutrieron con obreros capacitados en la antigua fábrica de aviones.

Este desarrollo adquirió más fuerza aún en la década de 1960, cuando Córdoba proveía al país vehículos emblemáticos como el Fiat 600, el Baqueano y la Estanciera IKA, el lujoso Rambler o el glamoroso Kaiser Carabella. Luego de la fusión de IKA con la francesa Renault llegaría una nueva gama de vehículos, como los Dauphine y Gordini. Córdoba era por entonces la Detroit argentina.

La nueva Córdoba
Después de ese despegue industrial inusitado, Córdoba ya no era la misma de antes. La aldea colonial, de calles apacibles y pobladas de doctores, había quedado definitivamente atrás para dar paso a la gran urbe. Legiones de trabajadores llegados desde todos lados, no sólo del interior cordobés sino de provincias vecinas, fecundaron el componente cultural y transformaron la tranquila fisonomía urbana. De la mano de la industrialización brotaron nuevos barrios en los alrededores de las plantas fabriles, al tiempo que la clase obrera industrial comenzaba a hacer sentir su peso en la estructura social y surgían los grandes sindicatos, como la UOM y el Smata, que dejarían una profunda huella en las gestas que vinieron después.

Otras ciudades, como San Francisco y Río Tercero –sede de un importante polo metalmecánico la primera, petroquímico la segunda–, se sumaban al proyecto industrial; en tanto que en el sudeste surgía una importante industria de maquinaria agrícola y en Arroyito crecía Arcor. Y todo gracias a que antes existió la fábrica de aviones. Así fue hasta mediados de la década del ’70, cuando este proceso industrial que llevaba más de dos décadas sufrió un quiebre traumático como consecuencia de la apertura económica impulsada por Alfredo Martínez de Hoz y los militares que gobernaron a partir de 1976. Recién durante los ’90 la industria automotriz, reanimada por el Mercosur, alcanzó niveles récord de producción de automóviles para decaer nuevamente en los primeros años del nuevo siglo.

Sin embargo, pese a los altibajos que aún persisten y aún cuando buena parte de aquella Córdoba industrial quedó definitivamente en el pasado, el papel que jugó la fábrica de aviones sigue vivo en el recuerdo de muchos nostálgicos y, sobre todo, forma parte de nuestra identidad histórica y cultural.