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  HISTORIA ARGENTINA      
Santiago Derqui
 
Este cordobés fue el primer presidente constitucional. Olvidado por la historia oficial, su nombre y el de la Confederación Argentina están íntimamente vinculados.

Santiago Derqui murió en Corrientes el 5 de setiembre de 1867, seis años después que su presidencia se derrumbara junto con la Confederación. Sin embargo, al tiempo de morir, su nombre ya estaba corroído por el olvido. Tampoco cambió su suerte en los 140 años que siguieron: hasta hoy, Derqui es casi un desconocido, incluso en Córdoba, su provincia natal. Ese fue el precio que debió pagar por haber sido protagonista de una experiencia auténticamente federal que desafió al poder de Buenos Aires.

Tras la batalla de Caseros y la caída de Rosas, el tablero político argentino cambió por completo. De un lado quedó la opulenta e indómita provincia de Buenos Aires y del otro el resto del país.

Los porteños, que hubieran deseado para ellos la gloria de voltear a Rosas, no tardaron en darle la espalda a Justo José de Urquiza. Contemporizador, el vencedor de Caseros recurrió al discurso de "ni vencedores ni vencidos" y levantó la bandera de la unión nacional, y aun así los hombres de Buenos Aires no le creyeron.

Lo veían como un caudillo más, casi como el sucesor de Rosas, a quien, paradójicamente, se habían sacado de encima gracias a Urquiza. De allí a romper relaciones y proclamar la autonomía había un solo paso, y Buenos Aires lo dio. Las demás provincias, desairadas por la hermana mayor, fundaron la Confederación Argentina y fijaron la sede del gobierno urquicista en la humilde ciudad de Paraná.

En medio de ese clima desangelado y hostil se sancionó la Constitución Nacional.

Durante los años siguientes prevaleció la intransigencia de las partes: Buenos Aires no estaba dispuesta a ceder sus privilegios, empezando por la prolífica aduana, y las provincias a su vez no aceptaban someterse a la metrópoli, por más poderosa que ésta fuera.

La batalla de Cepeda, librada en 1859, no arregló las cosas. Si bien a ese lance, que favoreció a Urquiza, le siguió el célebre pacto de San José de Flores, el conflicto no tardó en renacer. El arduo proceso de integración de Buenos Aires con el resto de las provincias y la resistencia por parte de aquélla a aceptar la Constitución jurada reabrió viejas heridas y en 1861 el país estaba una vez más al borde de la guerra interna.

Un presidente cordobés
Para entonces, Santiago Derqui había sucedido a Urquiza en la presidencia de la Confederación. La nominación del cordobés fue un claro reconocimiento a su compromiso militante con la causa federal y su probada lealtad hacia el líder del bando confederado.

Derqui había llegado a la máxima poltrona tras recorrer un largo camino desde que, allá por 1835, había tenido que abandonar de apuro su provincia luego de que ésta cayera en manos de Rosas.

Más tarde secundó al general Paz en la azarosa campaña del Litoral, que lo llevó sucesivamente a Corrientes, Entre Ríos, la Banda Oriental y otra vez a Corrientes. Durante todos esos años Derqui fue un estrecho colaborador del famoso "Manco", hasta que en 1852 encontró en Urquiza un nuevo jefe. A partir de ese momento, la suerte de Derqui quedó atada a la del entrerriano.

Hasta que la batalla de Pavón, librada en setiembre de 1861, acabó con su presidencia y selló el destino de la Confederación Argentina.

La inexplicable conducta asumida por Urquiza durante y después de aquel entrevero, dejando el campo libre a Bartolomé Mitre, jefe del bando porteño, desconcertó a los hombres del interior e hirió de muerte el débil tejido de la alianza provinciana.

Aquel día en Pavón, además de desplomarse el gobierno encabezado por Derqui, sucumbió el sueño vano de un país federal.

Lo que vino después es conocido: Mitre no desperdició la oportunidad que Urquiza le sirvió en bandeja y arrasó los focos de resistencia de la vapuleada Confederación que quedaron en pie tras la batalla de Pavón. A sangre y fuego disciplinó el interior y fue consolidando su hegemonía en las provincias.

Entretanto, Santiago Derqui, el primer presidente constitucional, comenzaba a recorrer un penoso camino rumbo al olvido. Tras intentar algunas escaramuzas condenadas de antemano al fracaso, el 5 de noviembre de 1861, Derqui, moralmente quebrado, abandonó el país.
Aunque tenía sobrados motivos para defenderse de los ataques, no los dio a conocer en aquella hora difícil; prefirió alejarse en silencio. Se asiló en la vecina Montevideo. No fue recibido con honores oficiales; tampoco los solicitó para no comprometer a un gobierno amigo.

Solo y sin recursos, vivió pobremente en una fonda de la zona del puerto durante casi dos años, hasta que, finalmente, a fines de 1864 pudo regresar a su patria, como era su deseo. Se radicó en Corrientes, junto a su familia. Allí reanudó su profesión de abogado y vivió sus últimos años en compañía de su esposa y de sus hijos. Pero faltaba algo más en su cadena de pesares: en 1865 lo sorprendió el comienzo de la guerra de la Triple Alianza y la invasión paraguaya a territorio correntino, y no la pasó bien.

Un manto de olvido. La causa exacta de su muerte se desconoce. En marzo de 1935, en un reportaje concedido a la revista El Hogar, Josefa Derqui de Díaz Colodrero –la hija mayor, que para entonces era una anciana de 83 años, sola en el mundo– afirmó que, según los médicos que lo atendieron, su padre padecía una "enfermedad moral que lo mataba día a día". Lo cierto es que Derqui se extinguió sin padecer ningún trastorno aparente; "no sufrió el más leve dolor físico", declaró su hija. ¿Víctima de una profunda depresión, quizá?

Sus restos descansan en un mausoleo levantado en la iglesia de la Cruz de los Milagros, en la ciudad de Corrientes. En Córdoba, su provincia natal, es prácticamente un desconocido.