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  HISTORIA ARGENTINA      
Mujeres invisibles
 
Las mujeres de hoy gozan de todos los derechos, ocupan espacios igualitarios en la sociedad y hasta tienen su Día Internacional. Sin embargo, no siempre fue así. Hasta mediados del siglo pasado, la mujer argentina sufrió la discriminación de género, más acentuada cuanto más se retrocede en el tiempo, hasta tornarla invisible.

Veamos. Desde los tiempos de la sociedad colonial hasta bien entrado el siglo XIX, la mujer permaneció en las sombras, tanto que cuesta hallar registros históricos de la participación que le cupo al género en las etapas de la Revolución, Independencia y Organización nacional.

Y no es que no haya habido protagonismo femenino, que ciertamente lo hubo, sino que la historiografía oficial no lo recogió. En efecto, la concepción predominante en los historiadores clásicos (todos hombres) es que la esfera de lo público pertenece al hombre, en tanto que a la mujer le corresponden los espacios privados del hogar y la familia.

Las excepciones a esta regla, escasas por cierto, apuntan a asociar al género femenino con valores supremos como la idea de patria o familia. Así es como los estereotipos femeninos concebidos por la historiografía oficial, y reproducidos durante décadas por el sistema educativo, corresponden a dos modelos: al de mujeres patriotas cuya participación se reduce a prestar cierta logística a la lucha que llevan adelante los hombres; o al de esposas sacrificadas, hijas ejemplares y madres abnegadas, presentadas casi siempre como extensiones de hombres notables, portadoras de apellido según la jerga actual.

En el primer grupo sobresalen Mariquita Sánchez de Thompson por prestar su salón para que allí se estrenara el Himno, las Niñas de Ayohuma que auxiliaron a nuestros soldados, Francisca Bazán de Laguna por facilitar la casa donde se declaró la independencia, las patricias mendocinas que donaron sus joyas; es decir, damas recordadas por cuestiones banales comparadas con lo que realmente estaba en juego.

En el segundo grupo se destacan claramente Remedios de Escalada, Mercedita y Paula Albarracín, a quienes se presenta como modelos ejemplares de esposa, hija y madre, respectivamente, pero sólo eso. De amantes, barraganas y concubinas, ni una palabra. Afortunadamente, en las últimas décadas asomaron a la superficie luchadoras de esa primera hora, como Juana Azurduy o Juana Manuela Gorriti; e historias olvidadas u ocultadas ex profeso, que iluminaron el costado privado de la vida de grandes hombres ayudando a que muchas mujeres salieran del anonimato y recobraran la identidad perdida. Aurelia Vélez, una de ellas.

Sin embargo, y sin desmerecer la loable labor de historiadoras y escritoras contemporáneas que rescataron a muchas mujeres argentinas del olvido, el resultado no deja de ser una revisión incompleta porque queda reducida a aquellas que por los motivos que fuere formaron parte a su vez del círculo de hombres notables de su tiempo y trascendieron más por eso que por sus propios méritos. Seguramente, hubo muchas otras cuyos nombres se perdieron para siempre y que también merecerían un lugar en la historia. A lo largo de ese tiempo histórico, eminentemente masculino, el destino condenó a las mujeres a ser madres, esposas, hijas o amantes antes que ser ellas mismas.

Ese modelo patriarcal, que consagra la supremacía del hombre y relega a la mujer, se mantuvo prácticamente intacto hasta mediados del siglo XX, cuando la mujer argentina comienza a cobrar visibilidad para convertirse en agente del cambio histórico y protagonista de los tiempos modernos.

El proceso mencionado comenzó sobre finales del siglo XIX y se profundizó a comienzos del XX merced a la lucha de las sufragistas, que no sólo reclamaban el derecho a votar, negado a las mujeres, sino la igualación al hombre en muchos otros aspectos. Destacan los nombres de Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Alicia Moreau de Justo, Julieta Lanteri, Alfonsina Storni y Victoria Ocampo, entre tantos.

El pico más alto de protagonismo femenino lo marcó la irrupción de María Eva Duarte en la esfera política, un ámbito hasta entonces vedado a la mujer. La sanción de la Ley 13.010, que consagró el voto femenino, es la coronación de una larga lucha que tuvo como actoras a todas las nombradas y muchas otras cuyos nombres cayeron en el olvido.

En las últimas décadas, el ascenso social de la mujer fue imparable, tanto que hoy ocupa prácticamente los mismos espacios que el hombre, aunque subsisten problemas de larga data que, lejos de atenuarse, se agudizaron, como la violencia de género o la explotación sexual.

Como se verá, las mujeres argentinas debieron soportar épocas signadas por la exacerbación del poder masculino y desarrollarse en el estrecho margen que les era permitido. Transcurrieron muchas décadas de lucha para que esa situación fuera reparada, aunque no del todo, porque la memoria de muchas mujeres insignes se perdió irremisiblemente en el olvido.

Vaya para todas ellas, las mujeres invisibles, un merecido homenaje en su Día.