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A 48 años del Cordobazo
 

Santiago Pampillón, asesinado en 1966 en las calles de Córdoba, fue la primera víctima de la lucha de trabajadores y estudiantes contra la dictadura de Juan Carlos Onganía.

La llamada Revolución Argentina había levantado en todo el país una fuerte resistencia en contra de la política económica y el autoritarismo exacerbado del régimen. Córdoba se erigía como un baluarte del gremialismo combativo y de la unidad obrero estudiantil.

La CGT nacional llamó a un paro general para el viernes 30 de mayo de 1969. En Córdoba, la medida se adelantó al jueves 29, con la modalidad de paro activo, que comenzarla a media mañana, con abandono de los lugares de trabajo y concentración frente a la sede de la CGT, en la avenida Vélez Sarsfield.

La movilización se acordó entre los principales referentes del movimiento obrero cordobés: Agustín Tosco –secretario general de Luz y Fuerza-, Elpidio Torres, titular del SMATA, y Atilio López, secretario general de la Unión Tranviarios Automotor, el gremio de los choferes de colectivos urbanos.

El ambiente estaba caldeado. Los afiliados al SMATA resistían la derogación del “sábado inglés”, que consistía en pagar ocho horas, aun cuando ese día se trabajasen sólo cuatro. El 14 de mayo, una asamblea multitudinaria que había dsbordado el local del Córdoba Sport de la calle Alvear, terminó en refriegas, corridas, palos y gases.

El 29, la columna más numerosa arrancó desde la planta de IKA Renault, en barrio Santa Isabel, y avanzó por la avenida Vélez Sarsfield hacia el centro de la ciudad. El primer choque con la Guardia de Infantería, que dispersó con gases a los manifestantes, se produjo frente al Hogar Escuela, el actual Pablo Pizzurno.

A la misma hora, otros gremios se concentraban en distintos puntos de la ciudad, junto a las agrupaciones estudiantiles que se plegaron a la movida. Al llegar los primeros grupos al ex bulevar San Juan, se produjeron nuevos enfrentamientos con la policía: en la esquina con Arturo M. Bas cayó la primera víctima: Máximo Mena, obrero de IKA Renault.

La noticia corrió como reguero de pólvora, y lo que hasta ese momento era una vasta movilización gremial, se convirtió en una verdadera pueblada. Barricadas, corridas, reagrupamientos y nuevos enfrentamientos. Vidrieras rotas, incendio de la Xerox y saqueo de la confitería Oriental y la concesionaria Citroen, en las inmediaciones de la plaza Colón. Desde los edificios, la gente arrojaba cosas en desuso para levantar barricadas.

La policía, rebasada por el caos reinante, retrocedió, cediendo el control del terreno a los manifestantes. El ejército recién entró a la ciudad cuando caía la tarde, algo que despertaría suspicacias políticas. Las tropas dirigidas por el general Jorge Carcagno se desplazaron por avenida Colón, retomando el control de la situación con el paso de las horas. En barrio Clínicas, los estudiantes, atrincherados en los techos de las casas, no permitieron hasta el día siguiente el ingreso de las fuerzas de seguridad. A la vez, francotiradores apostados en los edificios hostigaron durante esa noche a los efectivos militares, mientras un apagón operado por la gente de Luz y Fuerza dejaba a oscuras la ciudad.

En los días que siguieron se produjeron allanamientos de sedes gremiales, detención de dirigentes y un endurecimiento generalizado de la represión, pero la pueblada tuvo un fuerte efecto simbólico y provocó la caída del gobernador Carlos Caballero y, aunque demorada, la de Onganía, quien no logró recomponerse del duro revés.

Desde entonces, el Cordobazo forma parte de la saga de luchas populares contra regímenes autoritarios, junto a eventos emblemáticos de la misma época, como el Mayo francés, la Primavera de Praga o la Plaza de Tatlelolco.