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  COLABORACIONES     por Prudencio Bustos Argañaraz
Córdoba, dueña de los dos primeros puertos sobre el Paraná
 
Al designar a don Jerónimo Luis de Cabrera gobernador, capitán general y justicia mayor de la gobernación del Tucumán, Juríes y Diaguitas, mediante una provisión fechada en Cuzco el 20 de setiembre de 1571, el virrey Toledo le encomendó expresamente fundar una ciudad en el valle de Salta, “de camino y como entrare a las provincias de Tucumán”. El encargo era concordante con la política sustentada por la corte virreinal, que procuraba que el poblamiento de estas tierras se hiciera en forma progresiva, de norte a sur, para mantener el dominio sobre ellas. Sin embargo, Cabrera compartía el proyecto del oidor de la Real Audiencia de los Charcas Juan de Matienzo y de su antecesor en el gobierno, Francisco de Aguirre, que en oposición al pensamiento del virrey, propiciaban la creación de un nuevo espacio geopolítico. Consideraban prioritario establecer una avanzada más meridional, para lograr el control de la salida al océano Atlántico -la mar del Norte- a través del Río de la Plata, y acortar así en varios miles de kilómetros el viaje a España, evitando además el cruce por tierra del istmo de Panamá. Por otra parte, convencidos como estaban todos entonces de la existencia de la fabulosa ciudad de los Césares, imaginaban que sus míticas riquezas dotarían a la región de recursos económicos cuantiosos. Por ello es que, desoyendo la instrucción del virrey, don Jerónimo se vino derecho a la tierra de los comechingones y el 6 de julio de 1573 fundó la ciudad de Córdoba. Dos meses más tarde partió hacia el sudeste en compañía de los miembros del cabildo y de otros vecinos. El 17 de setiembre se hallaban sobre el río Paraná, junto a la desembocadura del Carcarañá –al que en las actas se llama Talamochita o Río de Nuestra Señora– “junto a un asiento que dijeron se llamaba la Fortaleza, a do estuvo Gaboto”. Eran los restos del fuerte de Sancti Spiritus, el primer asentamiento europeo en tierra argentina, levantado cuarenta y seis años atrás. Allí realizó una nueva ceremonia, mediante la cual tomó posesión del sitio, nombrándolo el Puerto de San Luis de la ciudad de Córdoba y destinándolo a que “se traten y contraten estas provincias y las del Perú y otras partes con los reinos de Castilla”. Al día siguiente levantó el puerto y asiento de Corinda, "siete leguas poco más o menos mas arriba de la dicha Fortaleza a do estuvo Gaboto e puerto de San Luis de Cordova, en un asiento que llamaron Omad Cobera e por otro nombre los Tinbues, cerca de Corinda". El proyecto de Matienzo y Aguirre cobraba forma. El Tucumán, y en particular Córdoba, pasaban a ser los dueños de la salida al Atlántico. Adviértase en esta decisión la clara concepción de supremacía de la ciudad, centro de poder político, sobre los puertos, centros de actividad comercial, semejante a la que había llevado a Felipe II algunos años antes a fijar la sede de la corte en la villa de Madrid, el punto más distante del mar de toda la Península. De allí que podamos afirmar que Cabrera sentó las bases de un espacio territorial a cuyo servicio debía estar el puerto y no a la inversa, como en definitiva fue y aún es. Para que ello tuviera plena vigencia procedió a fijar los “términos y jurisdicción” de la ciudad hacia el río Paraná, haciéndolos llegar hasta el puerto de San Luis, distante unas cuarenta leguas en línea recta de Córdoba y abarcando treinta y cinco leguas hacia el norte y otras tantas hacia el sur, a partir de dicho punto. La posesión no estaba, sin embargo, destinada a durar. Ignoraba don Jerónimo que el adelantado Juan Ortiz de Zárate había firmado capitulaciones con el rey, mediante las cuales se comprometía a asumir la gobernación del Río de la Plata y a fundar varias ciudades en ella. En abril de ese año, el capitán Juan de Garay había sido enviado desde Asunción a fundar una ciudad sobre el río Paraná. Cabrera lo supo dos días después, “estando sobre una barranca de un brazo del Río de la Plata (en rigor el Paraná), cerca de do dicen que están poblados los indios de Corona”. Allí se encontró con Garay, que estaba a bordo de una galera de remos, con dos chalupas, “e puesto a punto de guerra con arcabucería e artillería e gente de infantería armada”. Informado de su cometido, don Jerónimo le requirió que no poblase en la región, por caer dentro de los términos de la ciudad de Córdoba. Garay respondió que sí lo haría y se apresuró a regresar a Asunción a dar cuenta a su superior. Dos meses más tarde, el 15 de noviembre, procedió a la fundación de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz. Enterados los cordobeses, a comienzos del año siguiente enviaron al alcalde Pedro López Centeno para reclamar a Garay y el 4 de marzo nombraron dos apoderados ante la Real Audiencia y el virrey, para pedirle que “desagravie a esta ciudad de la fuerza que el dicho Juan de Garay e los que con el han venido o vinieren del Paraguay han hecho y hacen e pretenden hacer, metiéndose en los términos e jurisdicción desta ciudad”. A pesar de ello, el pleito fue ganado por los paraguayos y rioplatenses, y en definitiva Córdoba perdió su puerto. A ello se sumaría que siete años después, el mismo Garay fundaría, sobre el Río de la Plata, la ciudad de la Santísima Trinidad, a cuyo puerto nombró, en recuerdo del campamento levantado cerca de allí por don Pedro de Mendoza en 1536, Santa María de los Buenos Aires.